EPÍLOGO


En un día de abril de 1931, entre música y cantos en las calles, el doctor Rafael de Vega Barrera proclamó desde el Concello de Lugo la II República, apelando a la concordia y al respeto hacia las personas y las instituciones. A partir de entonces, el doctor Vega Barrera comenzó a convertirse en un referente para la redención popular, favorecido por el ejercicio de su profesión sin afán de lucro, su generosidad manifiesta y su firme denuncia de caciques y aprovechados.  

En julio de 1936, el estallido de la sublevación militar supuso, en la práctica, el fin de la II República, dado que la gran mayoría de los dirigentes republicanos desaparecieron de la escena pública. Los responsables políticos republicanos integrados en el Frente Popular fueron perseguidos por las fuerzas sublevadas siguiendo las directrices del general Emilio Mola, quien había ordenado el exterminio sistemático y organizado de todos los dirigentes del Frente Popular.

El 18 de julio de 1936, fuerzas del Regimiento de Infantería n.º 12, de guarnición en la plaza y bajo el mando del coronel Alberto Caso y Agüero, declararon el estado de guerra y procedieron a la detención de las autoridades civiles. En pocas horas, tras delegar el gobernador civil de la provincia la totalidad de su autoridad en los mandos militares sublevados, la ciudad quedó incorporada al denominado bando nacional. 

La experiencia republicana concluyó con el golpe de Estado de julio de 1936. La ciudad de Lugo vivió sus jornadas decisivas los días 20 y 24 de julio de 1936. El día 20, el comandante militar de la plaza declaró el estado de guerra mientras, esa misma mañana, obreros de Monforte y Sarria llegaron a la capital y, tras presentarse en el Gobierno Civil, fueron alojados en el Hospital de Santa María. Desde allí fueron obligados a salir por los militares, que incumplieron la promesa de no atacarlos, siendo finalmente tiroteados. Durante el día 23 y la madrugada del 24 se produjeron nuevos tiroteos en la capital. Los opositores fueron abatidos por la fuerza pública y por artilleros procedentes de Ferrol.

El doctor Rafael de Vega y diversas autoridades políticas de Lugo fueron acusados de dar cobijo a los obreros de Monforte y Sarria. En la actualidad, el juicio sumarísimo 330/36 contra Rafael de Vega Barrera y sus compañeros, recuperado por la historiadora e investigadora María Jesús Souto Blanco, constituye un testimonio de la grave injusticia cometida contra el cirujano civil, desarmado, y contra sus cinco compañeros de prisión y fusilamiento.

Sus páginas destilan en todo momento un profundo clima de hostilidad. Toda la carga de resentimiento de una ciudad levítica queda al descubierto a través de un auténtico retablo valleinclanesco, poblado por enanos políticos, médicos movidos por la envidia, modistas fabuladoras, religiosas y beatas indignas, falangistas y sectores autodenominados de orden que vieron la ocasión propicia para destruir, con el apoyo de los militares, a una figura intachable.

Al ejecutar a quien entonces era el cirujano más prestigioso de la ciudad, al hombre que había proclamado la República en Lugo, el ejército pretendía neutralizar cualquier posible oposición de las fuerzas de izquierda.

El doctor Vega Barrera no fue fusilado por un delito de “traición”, como figura en su sentencia de muerte, puesto que no traicionó a nadie, sino porque su brillante trayectoria como cirujano y su amplia popularidad despertaron numerosas envidias colectivas. 

Su ejecución estaba decidida de antemano en un juicio sumarísimo plagado de irregularidades y de testimonios falsos. El proceso 330/36 debe partir de un CONSIDERANDO irrebatible, ya sancionado por la Historia: en el verano sangriento de 1936 el poder legítimo y democrático residía en las autoridades y en las personas democráticas; el Gobernador, el Alcalde, los concejales y el propio doctor Vega Barrera estaban legitimados por la soberanía popular, mientras que frente a ellos los alzados, con o sin uniforme, constituían la facción sublevada y secular.

En lo que respecta al doctor Vega Barrera, su final se concibió como un castigo ejemplar, alcanzando en los detalles de su asesinato un grado de crueldad extremo, y la lectura de la pieza “forense” pone de manifiesto este carácter.

- Que desde el ingreso en la prisión, el 24 de julio de 1936, hasta su ejecución, el 21 de octubre del mismo año, se lo mantuvo prácticamente incomunicado.

- Que la instrucción del sumario fue parcial, tendenciosa e injusta, realizada por el capitán Mariano Pérez Hickman buscando la condena de Vega Barrera desde el principio, hasta tal punto que en su despedida el doctor Vega Barrera dice textualmente: "Dios perdone a tanto testigo falso que contra mí ha declarado, como yo los perdono, así como el juez que hizo el sumario en el principio".

- Que fueron inútiles todas las peticiones de indulto, incluso la que el día 21 de octubre de 1936 se dirigieron al general de la VIII región Militar, Luis Lombardeo Serra, quien permaneció desde la mañana al atardecer en Lugo.

- Que se marcó como hora de ejecución las seis de la tarde, en un lugar céntrico -la tapia del nuevo cuartel de la Guardia Civil-, "paseando" públicamente a los cinco condenados, para regodeo y aplauso de una muchedumbre incivil.

- Que habían embargado todos los bienes sin consideración aunque se trataba de gananciales, imponiéndoles una elevada cantidad de 1.500.000 pesetas en una multa mancomunada, cifra que traducida al cambio actual, es de varios cientos de millones. El 25 de abril de 1952 mediante un Decreto de indulto fue levantado el embargo previo pago de una multa de 25.000 pesetas. Nunca fue publicado el Decreto de indulto en un Boletín Oficial. 

- Que por expediente administrativo, iniciado el 25 de julio, otra gestora presidida por un militar lo destituyó de su cargo de Cirujano del Hospital. 

Durante la despedida, estando en capilla, a la que sólo asistieron sus hijos mayores Rafael y Luis (con 18 y 15 años de edad respectivamente), su padre, con una serenidad absoluta, hizo una serie de recomendaciones, refutando la calificación de traidor y confirmando su plena conciencia de que siempre había dedicado su vida política a "Servir a la Patria y a la Libertad", pidiendo a sus hijos que reivindicaran su nombre "en este pueblo tan ingrato para mí". Estas fueron sus penúltimas palabras, las últimas, ya derribado y herido de muerte, pero no muerto, las pronunció antes de recibir el tiro de gracia, una vez sufrida la descarga: "A mi el primero que aún tengo vida" suplicando el tiro de gracia....

.... 21 de octubre de 2006 Rúa Rafael de Vega Doutor (Lugo) 70 años después....


Tu nombre será reivindicado, honrado, y dignificado eternamente, para quien la Libertad, la Patria, el amor a su familia, el altruismo ejercitado a los más necesitados y el trabajo fue la suprema razón de su vida.


EL PROGRESO DE LUGO.  JOSÉ DE CORA.  23 OCTUBRE 2019 20:20 horas.


ADENDA


El 25 de abril de 1952 mediante un Decreto de indulto fue levantado el embargo previo pago de una multa de 25.000 pesetas. Nunca fue publicado el Decreto de indulto en un Boletín Oficial.


Escrito de SÚPLICA solicitando el indulto de la sanción económica por parte de Mª Teresa Fernández-Crespo, (esposa del doctor Rafael de Vega). 

Diez falsos mitos del franquismo y de la derecha

Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática.

La memoria de las víctimas del golpe de Estado, la Guerra de España y la dictadura franquista, su reconocimiento, reparación y dignificación, representan, por tanto, un inexcusable deber moral en la vida política y es signo de la calidad de la democracia. La historia no puede construirse desde el olvido y el silenciamiento de los vencidos.